Los palmares de butiá, predominantes en Rocha, sufren grandes pérdidas de densidad por la dificultad del nacimiento de nuevas palmeras. Un estudio de investigadores del Centro Interdisciplinario en Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático (CICADA), el Centro Universitario de la Región Este (CURE) y la Universidad del Trabajo (UTU) señala que la acción de aves, especialmente los ñandúes, pueden ayudar a extender la población de las palmeras.
¿Por qué son importantes? Los palmares de butiá dan sombreado natural, mejoran la materia orgánica de la zona y la producción de pasturas. Sus frutos son fuente de alimento importante para una diversidad de aves. Además, los palmares tienen un valor cultural y paisajístico muy importante para el este del país.
La dificultad en que crezcan palmeras jóvenes se debe a la actividad agropecuaria arrocera que dificulta su germinación y al sobrepastoreo del ganado en la zona, que se come las plántulas (plantas en primeras etapas de desarrollo).
Para analizar posibles soluciones a la problemática, un equipo de investigadores se propuso explorar por primera vez la diversidad de aves que habita en los palmares de butiá del departamento. Partieron de la base de que las aves que se alimentan de los frutos (butiás) de las palmeras, pueden esparcir sus semillas y así colaborar con el nacimiento de nuevas palmeras.
Para analizarlo, los investigadores colocaron 33 cámaras trampas en el suelo y en las copas de las palmeras. Gracias a ellas, pudieron analizar el comportamiento de las aves.
Las que tuvieron más interacciones con las palmeras fueron el hornero, el ñandú y el doradito. A través de comer los frutos y defecar sus semillas, todas colaboran con la dispersión de la semilla del butiá, para que siga creciendo por la zona.
En este contexto, el ñandú tiene un rol destacado. La bióloga Matilde Alfaro, integrante de la investigación, explicó que el ñandú traga el fruto entero cuando come el butiá y en ocasiones lo defeca a varios kilómetros de la palmera en la que comió. Esto promueve que crezcan palmeras nuevas en zonas donde ante no había, lo que puede ayudar a la expansión y surgimiento de nuevos palmares. Además, actualmente se investiga la posibilidad de que el tracto digestivo del ñandú estimule la germinación de la semilla.
Además, en el estudio se registró una mayor presencia de aves en la parte inferior de las palmeras cuando estas se encontraban más conectadas entre sí. Esto sugiere que la conectividad entre los palmares cumple un papel clave para atraer aves que, al alimentarse y desplazarse, dispersan sus semillas y contribuyen activamente a su expansión.
Otro aliado de las palmeras
Además, los investigadores notaron que la banana de monte, una planta espinosa, puede ayudar a proteger los plantines de butiá cuando están creciendo. La planta espinosa es rechazada por las vacas, por lo que, si una palmera crece en sus inmediaciones, podría estar protegida del ganado.
Alfaro señaló que se puede investigar qué animales se alimentan de la planta espinosa, para pensar en posibles estrategias que beneficien el crecimiento de palmeras, aprovechando la diseminación de semillas que pueden hacer esos animales.
En conclusión
El estudio destaca que, para conservar ecosistemas fragmentados, como los palmares de butiá, no basta con proteger áreas aisladas, sino que es fundamental considerar la estructura del paisaje en su conjunto y las características propias de las especies que lo habitan.
Dado que las diferentes comunidades de aves responden de manera única a las características de las palmeras y a la conectividad del paisaje, las estrategias de gestión deben priorizar el mantenimiento de la diversidad estructural y la promoción de la conectividad dentro de los parches de palma.
Artículo completo: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/aec.70156