Muchos ambientes han sido degradados o reducidos por actividades humanas, lo que hace que sus especies pierdan espacio para vivir. Esto reduce la biodiversidad, afecta el funcionamiento del ecosistema y sus contribuciones a las sociedades. Una solución cada vez más utilizada es la restauración de hábitat. Es decir, se crean “fragmentos” de ecosistemas imitando al ecosistema original, en donde las especies pueden persitir.
Sin embargo, estas intervenciones humanas rara vez reproducen con precisión las condiciones de los hábitats naturales. La ecología como disciplina aun no ha logrado dilucidar los complejos mecanismos que llevan al ensamblado de un ecosistema. Por lo tanto, es esperable que al generar artificialmente ambientes no se logre imitar al original. No podemos “copiar” a la perfección aquello que no entendemos del todo bien. Además, no se puede descartar el margen de error humano al diseñar estar intervenciones. Por lo tanto, en estos hábitats restaurados, no todas las especies se verán igualmente beneficiadas.
Al menos uno de cada cinco intentos de restauración no producen el efecto esperado. Por ejemplo, en Suiza se realizaron intervenciones a gran escala para crear pequeñas lagunas enfocadas en anfibios. Más de la mitad de las especies mejoraron con la intervención, pero otras no respondieron o disminuyeron sus números. Estos resultados indican que hay mecanismos determinando el éxito de los intententos de restauración que deben ser comprendidos.
Un estudio del Centro Interdisciplinario en Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático (CICADA), la Facultad de Ciencias (Udelar) y el Centro Universitario Regional Este (CURE) explora este fenómeno.
Uno de los conceptos clave de la investigación es la capacidad competitiva, que es la habilidad de una especie para obtener recursos (como alimento, espacio o luz) o evitar depredadores en relación a otras especies.
Las capacidades competitivas de las especies tienden a estar balanceadas dentro de un ecosistema. Pero la introducción de parches de hábitats puede aumentar o disminuir las capacidades de cada especie, por lo que afecta su coexistencia. Es decir, una especie puede terminar “expulsando” o excluyendo a otra del nuevo parche. Pero este efecto puede alcanzar a todo el paisaje, donde la mejora en la capacidad competitiva de una especie fomenta su dispersión hacia otros parches y la exclusión de otras especies en todo el ecosistema. El resultado de la intervención sería entonces negativo para las especies menos beneficiadas por la restauración.
Los resultados del estudio resaltan “el carácter de arma de doble filo de una restauración subóptima, evidenciando posibles consecuencias no intencionadas que podrían agravar la pérdida de biodiversidad”. Sin embargo, también la identifican como una oportunidad, una estrategia que, bien orientada hacia la promoción de especies nativas, contribuiría al manejo de especies invasoras y plagas. También señala que un tipo de restauración de hábitats orientado a favorecer a las especies más vulnerables puede servir como herramienta de conservación.
El trabajo es un estudio teórico basado en modelos matemáticos. Los investigadores desarrollaron ecuaciones que describen cómo las poblaciones de dos especies que compiten por el mismo hábitat cambian a lo largo del tiempo, en función de sus capacidades competitivas. Mediante simulaciones computacionales exploraron cómo varía el resultado al cambiar la cantidad de hábitat restaurado y el grado en que ese hábitat altera la ventaja competitiva de cada especie. Este tipo de enfoque permite identificar mecanismos generales y condiciones de riesgo que serían muy difíciles de detectar a partir de datos de campo, y sienta las bases para orientar intervenciones de restauración mejor sustentadas.
Leé el estudio aquí.